El Negro

                                                         A Juan Nuñez:

Era una máquina de inventar historias, tenía dos ruedas grandes y negras, llena de rayos de crepúsculo la una, de trazos de furia de ronda de niños, la otra.

Él andaba de un lado al otro con un bolsito de guardar y su gorrito azul, los anteojos en el bolsillo de la camisa y un sueño todavía en cada pedal victorioso.

Daba la mano como daba un cuento, daba un cuento como daba palabra o dos o tres o cinco palabras. Y siempre ahí, donde era necesario o donde la hora pedía una mano al borde del vacío.

Se llama Juan todavía, aunque muy bien no sepamos dónde se fue.

Hablaba pausado, saboreando las palabras. Y siempre salían justas, exactas.

Decía que siempre hay gente que se parece. Yo miraba a un lado y al otro, interrogándome.

Unos dicen que salió a Morón, a ver pasar no se qué tren que traía noticias.

Otros que se cansó nomás de pedalear cuesta arriba.

Yo sé que se metió en un cuento., y anda por ahí, torciéndole el brazo a la injusticia.
                                                                                      
  Gabriel Impaglione