LITO.

Me caen bien esos tipos suburbanos.

Este era un petiso con cara de antes. De Pamperos azules en el verano, eligiendo cortadas y pasajes del barrio para adueñarse del medio de la calle.

Saludaba por el apellido: Eyyy Jalil, cómo va?

Su voz era grave, pero no canchera ni subestimadora, voz cordial, amistosa, agradable.

Decía sencillo y de a pie: “por acá, con mi señora, cuando éramos novios, veníamos a ver las flores del chalet de los  Lima Quintana que era único en la cuadra…” .

Se refería al paisaje de antes, de este Castelar originalmente llamado LOMA VERDE, a 18 metros de altura s.n.m. que supo promocionar su loteo como LA CUMBRE DEL CHIMBORAZO (en los años veinte, en Ecuador, un volcán  con ese nombre se agitó y fue tapa de los grandes diarios de acá).

Pero eso de la historia de Castelar lo aprendí en su vieja librería . Con bateas largas y luz mortecina, en la vieja recova del …casi digo pueblo. Miles de libros mezclados, sin el menor rigor lógico, a la que te criaste, y de tanto en tanto una perlita como ese primer libro castelarense hecho a pulso y cosido a mano. O el de ALMAFUERTE y el pasaje que recitábamos en voz alta de una punta a otra del local : NO TE DES POR VENCIDO NI AUN VENCIDO… concentrando la mirada incrédula del piberío que iba en busca de un pedido de la profesora de literatura del “Rancho” (el Colegio José Hernández del otro lado de la Avenida). Ni qué hablar del montón de árboles lastimados innecesariamente con esos rejuntes de autoayuda, cosmogonía oriental y la biografía de Claudio María Domínguez. Por suerte, no renegaba con los impiadosos obsesivos ni secreteaba con la policía, por lo que el camarada Lenin, solía paliar los desgastes de la anorexia intelectual del uno a uno así como Hobsbawm o Sartelli acallaban las histerias de cartas abiertas al oportunismo del “libro para todos”.    

Pero la verdad se hallaba en la trastienda. Cuando ingresaba una biblioteca enterita de algún finado lustroso yo era uno de los invitados a la cacería. Nunca dejaré de agradecerle LAS OBRAS COMPLETAS DE HORACIO QUIROGA 12 tomos primera edición post morten Montevideo 1939 a un precio simbólico. Y el atril con la novedad: el último libro de Eduardo Sacheri, colocado allí no tanto por su inmejorable narrativa como por su condición de vecino sobresaliente.

No era un librero, queda claro, Lito era apenas un vecino que vendía libros y que saludaba cuando pasaba. Se murió cuando brotan flores sencillas en algún chalecito.

Me lo contó su “señora”, la misma que lo acompañaba para admirar las de otras primaveras.  

Ismael Jalil, 2011.-